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Historias de monólogos Capitulo 3 “mi primera vez”

Mi madre se había divorciado de mi padre por los problemas de este con el alcohol.

Yo apenas tenía 3 años y aún recuerdo el dolor que sentía mi madre, cuando cada 15 días me preparaba la maleta para entregarme a mi padre durante un par de días.

 

El mejor y casi único buen recuerdo de mi padre, era cuando me cogía en el bar y me sentaba en sus muslos para ver los monólogos que recién emitían por la tele.

Allí pasamos muchas horas. Cuando no estaba jugando a la máquina tragaperras, estaba bebiendo. Solo dejaba de beber cuando empezaban los monólogos. Aquel era el momento que recuerdo de más felicidad.

 

Fué entonces cuando pude visualizar mi sueño y me prometí a mí mismo, que algún día no muy lejano sería yo quien estaría delante de aquella pared de ladrillos haciendo reír a la gente.

 

Mi primera incursión como monologuista fue en un concurso de monólogos que organizaba y presentaba un imitador de la televisión catalana junto con el ayuntamiento del pueblo.

Recuerdo lo mal que lo pasé.

Era la primera vez que me tenía que subir a un escenario a intentar hacer reír.

Lo llevé tan en secreto, que no se lo había dicho ni a mis mejores amigos. Por eso me busqué un concurso lejos de mi ciudad. Se trataba de una parte de mí, que quería experimentar antes de darlo a conocer.

 

Unas semanas antes de ser seleccionado, les había mandado los textos. El guión hacía referencia a las cosas más cutres que un hombre podía hacer en la vida,  para que el público pudiera empatizar. Y aunque no lo recuerdo al detalle, si recuerdo que una de las cosas más cutres que había, era la de llevar calcetines para dormir.

En parte era un pequeño homenaje a mi padre, que siempre dormía con calcetines.

 

Nos convocaron un sábado 2 horas antes en el mismo teatro.

Esa misma tarde jugaba el Barça contra el Espanyol, lo que me hizo tener la esperanza de que no asistiera mucho público. No quería sentirme observado.

 

La mayoría de cómicos participantes parecían conocerse entre ellos de toda la vida. Unas risas, unos abrazos y un buen rollo que contrastaba con mi estado de ánimo.

 

Había estado ensayando los textos y movimientos en casa durante algo más de una semana, pero 2 horas antes del evento, no recordaba nada.

 

-Hola, ¿me puedes decir tu nombre por favor?

-¿Eh?… ah! si. Julio Mazo.

-¿no te llamarás de segundo apellido “Agoto”?…Julio Mazo y “Agoto”…jajajaja

-Jajaja… No, no. Siempre me han hecho esa broma en el colegio.

-Pues es graciosa. ¡Te la regalo!. Bueno vamos a proceder al sorteo de salida.

Ya estáis aquí los 8 participantes. Ya sabéis. No más de 5 minutos por monologuista. Si os pasáis de tiempo, podéis quedar descalificados. El Regidor os hará una señal con la linterna a los 4 minutos para que vayáis acabando.

 

También estaba por allí haciéndose fotos con los concursantes la famosa actriz Mónica Puertas, que lo estaba petando con un personaje cómico que hacía en televisión “la Poseída Viciosilla”. Pero Mónica solo venía de jurado. Votaba el público asistente y votaba el jurado compuesto por 3 profesionales del mundo de la comedia.

 

-Bueno chicos. Aquí está el orden de salida.

 

¡Mierda!. Me tocaba salir el penúltimo, lo que suponía tener que soportar otra hora y media más de nervios.

 

-¡Ah! y tengo otra buena noticia. Se han vendido todas las localidades.

 

¡Oh! ¡no!. El teatro lleno hasta la bandera. Lo que me faltaba para sentirme aún peor.

En ese momento me quise morir.

 

Sudaba como un cerdo y no paraba de ir orinar al lavabo. Me imagino que serían los propios nervios.

 

Había estado practicando todas las técnicas de concentración posibles para no tener que soportar aquella presión, pero ninguna funcionaba. Entonces se acercó a mí uno de los participantes. Ernesto García.

 

-Que, ¿como llevas los nervios?

-Pufff…

-Tranquilo hombre. Que solo son 5 minutos.

-Ya… es que no estoy acostumbrado.

-¿Es tu primera vez?

-Si.

– Pues mira. Te voy a dar un consejo. Para subirse a un escenario hacen falta 2 cosas que son las siguientes: O bien ser un artista, o bien ser un inconsciente. ¿Tu eres un artista?

-Yo que voy a ser un artista. No.

-Pues toma. Bebe cerveza.

 

Hubieron varios factores que jugaron a mi favor en la decisión final del jurado.

Para empezar el orden de salida, ya que a la hora de votar era un tanto difícil recordar a los primeros participantes, algunos de ellos muy buenos.

Pero en realidad, gané aquel concurso con el cual había estado soñando durante tanto tiempo gracias a la “inconsciencia”.

Empecé a beber antes de salir al escenario lo que hizo que me desbloqueara y que el texto empezase a fluir por el teatro. Fueron los 5 minutos más mágicos de mi vida.

Me pareció tocar el cielo.

¡Lo he conseguido papá! ¡lo he conseguido!

Ahora he de aprender a subir al escenario sin antes haber bebido.

 

1 Comment

  1. Raul dice:

    Jajajaja me encanta
    Real como la vida misma!

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