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Historias de monólogos Capítulo 4 “el plagio”

Ascanio, apellido con el cual le conocíamos, era un recién llegado al mundo de la comedia.

Encima del escenario se le notaba inseguro y aunque era un tío muy alegre, no tenía una gran vis cómica.

 

-Hola Felipe.

-¡Hombre Ascanio! ¿qué te cuentas?

-¿Te acuerdas que te dije que quería hacer un programa de rádio contigo?

-¡Claro! pero de eso ya hace unos meses.

-Es que no he podido acabar de cuadrarlo hasta ahora.

-¿Cómo llevas los monólogos?

-Poca cosa por ahora. Me quiero centrar más en la rádio.

 

Ascanio creía que esto de los monólogos iba a ser llegar y besar el santo. Pero tuvo la habilidad desde el primer momento, de abrir líneas de trabajo paralelas al stand up comedy.

Lo suyo era la rádio.

Apenas tenía una hora pillada con pinzas y gran parte de su material ni siquiera era propio. Hacía un “corta y pega” con chistes de cualquier cómico que no tuviera delante.

En esta profesión se suele ser muy duro con el plagio.

Lo que pasa es que Ascanio, tenía el ADN de los que llegan muy arriba y cuesta ser duros con ellos. Como también con alguna “superestrella” consagradas de la comedia.

Por el gremio es sabido que a determinadas “superestrella”, se les pegan los gags de otros cómicos de categorías inferiores. Pero la hipocresía y el “pelotismo” nos lleva a protegerlos de las denuncias por plagio, que nunca llegan a ninguna parte.

Si eres un “don nadie” en el mundo de la comedia y una “superestrella” te roba un chiste, de alguna manera ese chiste ya no te pertenece.

 

Había quedado aquella mañana con Ascanio para tomar un café en el centro de Barcelona para charlar sobre el proyecto de rádio, y cuando nos disponíamos a finalizar la reunión me dijo…

 

-Por cierto, el otro día asistí a la grabación de los nuevos cómicos del Canal de televisión Nino Comedy y Pablo Laso hizo un chiste tuyo.

-¿Comó?

-Si, que Pablo Laso hizo un chiste tuyo durante la grabación.

-¿Cúal de ellos?

– Ese que dice que… “si Falete coge el AVE está mezclando la velocidad con el tocino”.

 

Ese chiste era mío y lo había entregado a ese mismo canal de televisión 4 años antes en un monólogo que no prosperó.

Encima Pablo Laso, era un reputado cómico con fama de buena persona. No lo podía creer.

 

Me resultó paradójico que la información del plagio me llegase de otro plagiador.

Que Ascanio copiaba lo sabía todo el mundo, pero que Pablo Laso me hubiera copiado un chiste, no entraba en mis planes. Respire profundamente para analizar la situación y procedí a gestionarlo de la manera que creí conveniente.

 

Generalmente suele estar permitido hablar de un mismo tema.

Luego hay gente que te copia literalmente el tema, lo que llamamos “bloque” y luego hay quien solo te copia el remate final, lo que viene a ser el “chiste” que hace reir. Estos últimos suelen ser la presa perfecta de los que copian.

 

Llamé al canal de televisión para comunicarles lo sucedido, con la tranquilidad de que iban a proteger mis intereses. Así mismo les envié los correos electrónicos con el chiste en cuestión y con los textos que les había mandado 4 años antes. También les mostré capturas de mis redes sociales, donde publicaba abiertamente ese gag.

Quizá ahí estuvo mi error, en haberlo publicado abiertamente. La llamada me dejó más tranquilo. Me dijeron que intentarían editarlo.

¿Qué hubiera podido hacer yo? ¿Llamar a Pablo Laso y pedirle explicaciones?.

Nadie me iba a creer y no tenía ganas de entrar en un conflicto directo por un chiste.

 

Fueron pasando las semanas y el monólogo de Pablo Laso se emitía el viernes por la noche.

Otra de las cosas que me enfurecia por dentro, es que yo no trabajaba esa noche. Mientras que Pablo Laso estaba cobrando por un chiste que me había robado.

Aún así quise ser paciente hasta esperar a ver la actuación.

 

Ahí estaba el. Con su cara de buena persona colándose en los hogares de toda España por un canal de máxima audiencia. Llevaba un minuto y medio y todavía no había hecho reír. Todas las risas hasta el momento habían sido enlatadas.

¡Un momento! ¡ahí estaba mi chiste! ¡nada tenía que ver con la historia que estaba contando! pero… ¡lo había empotrado solo para hacer reír! ¡el público no solo le reía sino que también arrancaban a aplaudir! ¡no lo habían cortado! ¡oh! ¡hijos de puta! ¡ladrones!

 

(a la mañana siguiente)

 

-Hola buenas, soy Felipe Wharton.

-Hola Felipe, ¿qué tal?

-Mal. Ayer ví el monólogo de Pablo Laso por televisión y dijo mi chiste.

-Bueno verás Felipe, es que ese chiste era muy fácil de llegar. Se le hubiera podido ocurrir a cualquier otro cómico.

-¿A cualquier otro cómico?

-Si.

-No, verás. Los cómicos no copian. Los que copian no son cómicos, son solo plagiadores.

 

 

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