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Historias de monólogos Capítulo 5 “el frankfurt”

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El día anterior había estado actuando en Girona donde apenas había podido dormir unas 4 horas. Todavía no se porque no cogí un avión directo a La Coruña, donde tenía otra actuación al día siguiente.

 

Llevaba más de 5 horas conduciendo y todavía me quedaban otras 5 horas hasta llegar a mi destino .

 

Mis ojos se iban abriendo y cerrando a base de cabezazos, cuando decidí pararme a dormir para no provocar un accidente y en la salida de un área de descanso cerca de Logroño me encontré a la Guardia Civil.

 

-Buenas tardes. Permítame la documentación.

-hola buenas agente. Aquí tiene mi permiso y aquí la documentacion del coche. El vehículo no es mío, me lo ha dejado prestado un amigo.

-¿hacia dónde se dirige usted?

-ahora iba a dormir un poquito. Pero me dirijo a la Coruña, donde esta noche tengo que ir a trabajar.

-¿de qué trabaja?

-soy monologuista.

 

Esa siempre era la palabra mágica para dibujar la sonrisa en cualquier policia.

 

-Tenga, ya puede continuar. Y no haga chistes de la Guardia Civil.

-Tranquilo agente. Jajaja.

-Jajaja. Que tenga un buen viaje.

 

Aquella pequeña parada antes de entrar en el área de descanso hizo que me desvelara, así que decidí continuar la marcha.

 

Mi coche no estaba preparado para hacer tantos kilómetros, por lo que le pedí a un buen amigo que me prestara el suyo. Era un Opel Corsa con velocidad de crucero, lo que me permitió viajar con las piernas más descansadas.

 

Tras 10 horas de trayecto llegué con ganas de pegarme una ducha y cenar alguna cosa, ya que en apenas una hora me esperaban para actuar.

 

Aquella era una de mis primeras actuaciones fuera de Cataluña.

Era un local del que todo el mundo hablaba ya que hacían monólogos semanales.

 

“La Dama de A Coruña” estaba situado a unos 300 metros del hotel que me habían puesto, así que no me costó ir paseando en la fría noche.

 

Una vez en el local, me dirigí a la barra en busca del dueño.

 

-hola buenas. Soy Luis el monologuista.

-Hola, ¿qué tal?, ya me tenías preocupado. Mira como tenemos el frankfurt.

-¿a qué hora era la actuación?

-a las once lo que pasa es que en los carteles siempre ponemos una hora antes y los monologuistas siempre están por aquí a las diez, por si quieren pasarse por las mesas para hablar con los clientes.

 

Esto es una de las cosas que nunca he logrado comprender. Si la actuación era encima del escenario, ¿porqué motivo me sugerían en algunos sitios ir mesa por mesa para entablar conversación con los clientes?. Entiendo que se puede llegar a generar una relación más estrecha con el público y que en ocasiones se utilice de herramienta, para romper esa barrera que separa al monologuista del espectador.

Pero al cómico no se le contrata para eso. Al dueño de la sala y a los clientes debería bastarles con la propia actuación.

Años más tarde, conocí a humoristas que abusaban de esta técnica. Las críticas que recibían nunca iban dirigidas al nivel de risas que habían generado si no a lo “buenas personas que eran”. Incluso durante una época llegué a cuestionarme si era mejor ser simpático que hacer reír.

 

¿Pero dónde estaba el escenario?

El aprovechamiento del espacio me pareció increíble.

El el local apenas cabía un alma. Costaba creer que en el espacio entre la barra a la ventana del bar se pudiese actuar.

El dueño había colocado una lona en la ventana con el nombre del bar y con un micrófono dibujado. Sobre cuatro cajas de cerveza había montado una tarima donde había un pie de micro sin micro. Me imaginé que sería un micrófono inalámbrico de mano que estaría cargándose en algún lugar de la barra.

 

-Mira Luis, si quieres puedes pasar adentro por si te quieres cambiar o algo. En el almacén estarás más cómodo. Que yo voy a ver si acabo de servir las mesas.

 

Me hizo pasar al almacén donde entre las cajas de cervezas puede dejar mi chaqueta y evitar el olor a fritanga por un rato.

Al cabo de media hora, entró.

 

-Bueno, ¿ya estás listo para empezar?

-si, ¿me puedes dar un par de aguas?

-aquí tienes todas las que quieras. Pero tu no vas a actuar así. Toma.

 

Una camiseta negra con el logotipo de local y en medio mi cara y mi nombre estampados.

Debido a mi inexperiencia no supe decirle que prefería trabajar con mi ropa habitual. Simplemente le di las gracias y me cambié de camiseta.

 

-Les hago una camiseta a todos los monologuistas que actúan aquí. Me las hacen en la imprenta donde hago los carteles.

-Ah! que bien. ¿Hace mucho que haceis monólogos?

-Hace 2 años. Uno cada semana. Traigo a un monologuista bueno y a otro malo, uno bueno y otro malo. Así voy combinándolo.

-Ah… entiendo. ¿y quien vino la semana pasada?

-La semana pasada vino Jean Sergio.

-Ah muy bien.

 

Jean Sergio además de tener una larga y exitosa carrera como cómico, tenía ocho monólogos grabados en el canal de televisión Nino Comedy.

La actuación me fue como el culo.

A menos de un metro, apoyado en la barra del bar tenía justo delante mío aún tio que me miraba como si le hubiese hecho algo, con ganas de arrancarme la cabeza.

No se si volveré algún día a aquella sala, lo dudo. Pero si vuelvo prometo estar allí una hora antes para ir mesa por mesa para hablar con los clientes.

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